domingo, 6 de noviembre de 2011

Don Antonio Cendejas, artesano de pisos de mosaico

Como una huella del pasado en esta edición recordaremos uno de los trabajos artesanales más vendidos de la década de 1920 a 1980, los pisos de mosaico.
Actualmente la modernidad ha sustituido este trabajo con nuevos materiales, diseños y tamaños. Sin embargo los pisos de mosaico fueron y siguen siendo parte de la decoración de nuestras casas, es por eso que en esta ocasión daré un breve reconocimiento a quienes por mucho tiempo se dedicaron y se siguen dedicando a esta actividad.

El trabajo manual, la durabilidad y la resistencia es lo que diferencia a estos pisos. El Sr. Antonio Cendejas Juárez oriundo de la ciudad de Uruapan, aprendió este oficio por tradición, patrón que se hereda de padres a hijos; él nos cuenta que no solamente se trabajaban pisos hechos de cemento sino también pisos de mármol y marmolina (derivada del granito de mármol). Estos materiales solían traerse de Querétaro, Hidalgo y Oaxaca principalmente.

Para la elaboración de los pisos de mosaico aparte del cemento gris y blanco se emplea el aceite de linaza, pinturas con colores especiales para el cemento, utensilios para el diseño de los mosaicos, divisores para la aplicación de los colores, entre otros.

El proceso básicamente es el siguiente: primero, se aplica aceite de linaza sobre el molde del mosaico para que una vez terminada la pieza no se pegue en el molde, después de haberse aplicado el aceite, se vacía el color que se desee aplicar...
Posteriormente se agrega el cemento con un cernidor que hace más fina su consistencia y elimina posibles grumos; se agrega otra capa de arena con cemento y finalmente se cierra el molde para apretarlo con una prensa manual, se prensa entonces y se desprende el mosaico.
Así termina la primera etapa, se dejan reposar los mosaicos durante todo el día y al día siguiente se hace el proceso de fraguado que consiste en el endurecimiento del cemento; se introducen las piezas en agua durante 14 días y al momento de sacarlas se lavan una a una quitando los residuos de los bordes.
Aquí termina el proceso de fabricación para posteriormente pegarlos en las casas…
Los pisos de mosaico se elaboran en forma manual, uno por uno; tienen diseños tradicionales o  contemporáneos y las medidas suelen ser: 20x20, 25x25 o 30x30.

En la ciudad de Uruapan, Don Antonio Cendejas, al parecer, es el único artesano que sigue trabajando los pisos de mosaico, dado que él nos comenta: “mientras siga habiendo gente que pida el trabajo, esta actividad seguirá vigente”. Ahora sus clientes no le piden mosaico para toda una casa pero si para restauraciones, es decir, que cuando alguna persona hace una reconstrucción en su casa y necesita romper o quitar mosaicos; posteriormente piden a Don Antonio 3 o 5 metros de mosaico para reconstruir el área faltante. 



Lo interesante aquí, es saber que aún cuando la modernidad ha acabado con los antiguos talleres artesanales de pisos de mosaico de pasta, en la antigua fábrica de lo que fue la Miscelánea en Uruapan, tienda de prestigio de hace algunos años, se siguen haciendo pisos de mosaico. Actualmente la tienda de Don Antonio vende ferretería y materiales.

Cuando pasamos a su antigua fábrica pudimos ver la prueba de lo que fue en aquél entonces la Miscelánea, una tienda local que abastecía a la población de materiales para la construcción, ferretería, plomería, abarrotes, mercería, papelería etc. Tristemente me di cuenta que aquél lugar que estuvo lleno de dinamismo y trabajadores hoy conserva únicamente los espacios y las herramientas como una huella del pasado.

Esta experiencia me dio lugar a pensar en lo que la llegada de las empresas trasnacionales ha traído para muchos oficios y negocios locales.

Don Antonio con algo de nostalgia nos dijo: “es difícil darse cuenta que la mayoría de la gente no valora el trabajo artesanal, lo práctico y lo novedoso supera la calidad de los productos tradicionales”
Así como Don Antonio Cendejas nos muestra claramente la producción limitada de esta actividad artesanal, es alarmante pensar que puede haber un paralelismo de este caso con muchos de los artesanos y artesanas en México. Desde mi punto de vista no podemos evitar la evolución con nuevas tecnologías pero debemos reflexionar las ventajas y desventajas que atraen las modernidades para la economía de nuestra gente; y no solo eso, el impacto ambiental que estamos teniendo al consumo mucho más habitual de productos que antes comprábamos para “toda la vida”.
En esta ocasión nos llevamos una experiencia de reflexión más que de conocimiento acerca de un oficio que por mucho tiempo estuvo vigente. Es por eso que Michoacán Bajo Mis Ojos y su Revista Michoacán qué hacer y Quehacer busca dar a conocer el valor de nuestra gente con sus oficios y las maravillas naturales que hacen de nuestro estado un lugar único. Sigamos en el camino de mantener una identidad sin dejar que el intercambio cultural y comercial nos lleve a la pérdida de todo lo antes mencionado.
Gisel Gómez Cendejas
Fotografías: Gisel Gómez Cendejas

1 comentario:

  1. Buenos Dias

    Excelente trabajo, es posible visitar el taller?

    Saludos

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